Noche del sentido: tres señales para saber si es Dios o eres tú

Continuamos la serie del curso De la Conversión a la Santidad (en vivo los martes a las 20h de España). Puedes leer aquí la clase anterior: Sequedad en la oración: cuando Dios te baja de los brazos. La semana pasada vimos que la sequedad en la oración puede ser una buena noticia. Pero enseguida surge la pregunta que se hace todo el mundo: ¿y si en mi caso no? ¿Y si simplemente me he enfriado? Por fuera las dos cosas se parecen mucho: te sientas a rezar y no hay nada. Y la respuesta importa, porque de ella depende qué…

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Los pecados de los devotos y la sequedad en la oración

Continuamos la serie del curso De la Conversión a la Santidad (en vivo los martes a las 20h de España). Puedes leer aquí la clase anterior: Purificación de la voluntad. Quizás estés en estas circunstancias: hace unos años rezabas y te gustaba. Te ponías a orar y aquello iba solo; salías con ganas de más. Ahora te sientas o arrodillas y no hay nada: ni distracciones escandalosas ni tentaciones, sencillamente «nada». Y sacas la conclusión que saca casi todo el mundo: que has retrocedido, que antes eras mejor. Puede que sea justo lo contrario. Puede que no te hayan quitado…

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Purificación de la voluntad: ¿lo tienes tú o te tiene a ti?

Continuamos la serie del curso De la Conversión a la Santidad (en vivo los martes a las 20h de España). Puedes leer aquí la clase anterior: Purificación de la memoria según San Juan de la Cruz. Piensa en el momento en que has estado más contento esta semana. No el más santo: el más contento. Ese en que se te ensanchó algo por dentro y pensaste: qué bien, ya lo tengo. Ponle nombre. Y ahora la pregunta de San Juan de la Cruz: eso que acabas de nombrar, ¿lo tienes tú, o te tiene a ti? La voluntad, capataz de…

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Por qué hay tan pocos santos: la falta de generosidad

Releyendo a San Juan de la Cruz para el curso que estamos dando, me topé con una frase que no recordaba y que, a la primera, me dejó un poco descolocado. Dice que de los que se ejercitan «de propósito» en el camino del espíritu –es decir, de los que rezan en serio, no de los que van tirando– Dios no lleva a la contemplación «ni aun la mitad; el porqué, él se lo sabe» (Noche oscura I, 9, 9). ¿Cómo? ¿Entonces la santidad es cosa de unos pocos elegidos y a los demás nos toca mirar desde la puerta?…

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