Fulton Sheen y la confesión: «Déjame contarlo yo»
Estáis cenando y un amigo te explica cuál es tu verdadero problema. Lo hace con buena intención, incluso con cariño: lleva un rato observándote y ha llegado a una conclusión. Que tú lo que tienes es un tema con tu padre. Que te haces la víctima. Que todo esto lo haces porque necesitas aprobación. Y lo peor es que puede que tenga razón. Tú asientes. Dices que sí, que seguramente. Le das las gracias. Y vuelves a casa con un enfado sordo que no sabes justificar, y con muchas ganas de no verlo en un mes. Ese enfado no es…












