El pecado: por qué es peor que el infierno mismo
Continuamos la serie del curso De la Conversión a la Santidad (en vivo los martes a las 20h de España). Puedes leer aquí la clase anterior: ¿Estamos todos llamados a la vida mística?. Se cuenta que San Marcelino Champagnat mantenía siempre un rostro sereno, pasara lo que pasara, salvo por una sola cosa: cuando le contaban que alguien había pecado. Ahí sí se le ensombrecía el semblante. ¿Por qué un santo reaccionaba así ante algo que hoy tantos consideran un simple «error de crecimiento»? Cerramos el capítulo sobre ascética y mística —recordemos: no son dos caminos distintos, sino un mismo…



