26 razones de San Ignacio para no separarse

Comento esta carta en el siguiente video:

Uno de los pocos viajes que hizo San Ignacio de Loyola desde Roma, siendo ya superior general de los jesuitas, fue el de 1552 a la pequeña ciudad de Alvito (2-12 noviembre)[1].

Motivo del viaje fueron las desavenencias matrimoniales del duque de Paliano, Ascanio Colonna, con su mujer, Juana de Aragón, duquesa de Tagliacozzo. Ascanio, hermano de la renombrada Victoria Colonna, se distinguía por su excesiva prodigalidad y tenía un temperamento difícil. Juana, una de las mujeres más hermosas de su tiempo, ensalzada por los poetas y retratada por Rafael, era propensa a la piedad y tenía por consejero a Ignacio.

Los esposos llevaban ya muchos años separados, desde aproximadamente 1535, cuando Juana abandonó definitivamente la convivencia con Ascanio. Durante esos años, San Ignacio no permaneció indiferente. Primero intentó la reconciliación por medio de cartas y de otros miembros de la Compañía de Jesús, especialmente del P. Bobadilla; más tarde realizó nuevas gestiones a través de diversos intermediarios. Finalmente, considerando que todos esos intentos habían resultado insuficientes, decidió intervenir personalmente. A pesar de su delicado estado de salud, emprendió el viaje a Alvito acompañado por el P. Polanco y el hermano Juan Pablo Borrell, llevando consigo la célebre carta en la que expone las 26 razones para persuadir a Doña Juana de reanudar la vida conyugal.

La duquesa se dejó convencer por esas razones que San Ignacio le explicó y además le entregó por escrito y decidió reanudar la vida conyugal. De hecho, regresó a Roma con esa intención; pero la intervención posterior de algunas personas, entre ellas varios cardenales, hizo renacer los antiguos conflictos, de modo que el proyecto de reconciliación promovido por San Ignacio terminó fracasando.

Antes de pasar a leer la carta, notemos lo que nos cuenta Ribadeneira en su Collectanea, que nos habla de la firmeza de la voluntad del Santo de Loyola:

«Y como por la mañana que había determinado de partir lloviese a cántaros, y el Padre Maestro Polanco le dixesse que sería bien diferir la partida para otro día, porque el agua no le hiziesse mal; respondió nuestro Padre: –Vamos luego; que 30 años ha que nunca he dexado de hacer a la hora que me había propuesto negocio de servicio de Nuestro Señor, por ocasión de agua, ni viento, ni de otros embarazos de tiempo, etc.; y así se partió luego”[2].

Vamos directamente con la carta; vale la pena leerla con atención y meditarla en cuánto nos toque…

 

CARTA CCLXXXVIII

A Doña Juana de Aragón[3]

Propónele como medio de concierto entre ella y su marido, el que vaya á casa de este, poniéndose en su poder enteramente sin buscar otras seguridades ni hacer otros pactos algunos, con lo cual opina que, dándose por satisfecho su esposo en vista de tanta generosidad y confianza, se pondrá por este camino más fácil término á la desunión y separación que entre ambos esposos mediaba. En confirmación de su dictámen señala 26 razones que mueven juntamente á seguirle[4].

JHS.

Mi Señora en el Señor nuestro.

Aunque de palabra haya avisado a V. E. del medio de concierto con el Señor Ascanio, que yo siento en el Señor Nuestro sería más conforme a su divina voluntad, y que más que ningún otro convendría á V. E., tirándome la afición, que su bondad infinita me ha dado para el servicio, y toda perfección de V. E., no dejaré (aunque fuera de mi costumbre) de poner en escrito las razones que á ello me mueven, porque mirando en ellas, y ponderándolas algunas veces con la buena y santa intención que Dios Nuestro Señor le ha dado, y principalmente con su gracia, podría mudar el parecer y voluntad con que V. E. al presente se halla. Digo, pues, Señora, que el medio mejor que yo siento, todas cosas miradas, es que V. E. se dispusiese con un ánimo grande, y confiado en el Señor, de ir á casa del Sr. Ascanio, poniéndose en su poder enteramente, sin buscar otras seguridades, ni hacer otros pactos algunos, sino libremente, como la mujer suele y debe estar en poder de su marido; y las razones que á esto me mueven son estas.

La 1ª: porque si la concordia se ha de hacer entera y perfecta, no hay otra via, sino ganando el amor y corazón todo del Sr. Ascanio, y esto no se hará andando con pactos, y buscando seguridades, como entre enemigos, sino con mostrar amor, humildad y confianza en él, como en marido, y esto se hace en el modo arriba dicho.

La 2.ª: Este modo mostraría más perfección de humildad en V. E. que otro; y, a la verdad, si una de las dos partes no se doblega y humilla, no se puede hacer concierto donde queden asentadas las entrañas[5]; pues si uno de los dos se ha de doblegar y humillar, cuánto más razón es que en la humildad se señale la mujer que el marido, y cuánto menos excusa tiene ella delante de Dios y los hombres, si por no se humillar deja de hacerse la unión debida entre ella y su marido.

La 3.ª: También sería este acto de mayor fortaleza y magnanimidad, cual conviene a la sangre y ánimo generoso de V. E., pues en él mostraría no temer ni aun el peligro de la muerte, que algunas temerían, que es donde se suelen los corazones grandes conocer; y, al contrario, tantas cautelas y seguridades no suelen ser de personas animosas.

La 4.ª: Será este modo, cuanto más difícil, tanto más heroico de vencer V. E. a sí misma y sojuzgar algunas pasiones, si ha tenido y tiene con el Sr. Ascanio, y por consiguiente sería de más excelente mérito delante de Dios Nuestro Señor haciéndolo por su divino amor; y así debería V. E., aunque otro más fácil le ocurriese, preferir éste, como más perfecto.

La 5.ª: Que sería obra de más perfección, y por consiguiente más grata y más conforme a los consejos de Cristo Nuestro Señor; que si es tan amador de la paz entre cualesquiera, aunque extraños, que quiere se suspendan las oblaciones y sacrificios hasta que se reconcilien entre sí, cuánto más la querrá entre los que Él ayuntó en matrimonio, de cuya unión dice en su Evangelio: que no aparte el hombre lo que Dios junta y que serán dos en una carne, y que el uno, por hacer vida con el otro, debe dejar padre y madre, etc.[6]

La 6.ª: Que será más conforme a las leyes que su divina Majestad puso en el santo Matrimonio, como nos declara en tantos lugares la Escritura, diciendo que la cabeza de la mujer es el marido, y que las mujeres sean sujetas a sus maridos, poniendo por ejemplo a Sara, que llama «su señor» al suyo[7].

La 7.ª: Porque este sería acto de más confianza en Dios Nuestro Señor, que huelga de que nos confiemos de su providencia acerca de nosotros; y no sería tentar a su Divina Majestad, pues parece a personas prudentes y doctas que esta confianza sería muy loable, y en lo demás sin peligro o muy poco.

La 8.ª: Que sería obra tanto más agradable a Dios, cuanto enteramente con ella más se quitan al demonio las armas de ofender a su Divina Majestad, que son muchas, así de parte de V. E. como de los otros, en el estado que ahora están, lo cual pluguiese a Dios Nuestro Señor no se viese tan claro.

La 9.ª: Que sería obra de mayor caridad con el Señor Ascanio, teniendo intención de ganarle por esta vía, como me persuado en el Señor Nuestro le ganaría, y reduciría a estado más seguro para su salvación, viviendo más en gracia y servicio de Dios, obligándole con este acto tan virtuoso a que también S. E. procurase señalarse más en todas las virtudes cristianas.

La 10.ª: También sería para con él grande caridad, no solamente que V. E. le aliviase de los cuidados domésticos, rigiendo su casa, como él lo deseaba, pero que aun le diese en su espíritu paz y contentamiento y buena vejez, a la cual está vecino, pues ya tiene 60 años, acabando la vida en unión y amor con su mujer y sus hijos.

La 11.ª: También para el remedio más breve y mejor de las señoras sus hijas cumpliría este modo de reconciliarse, y robar el corazón del Sr. Ascanio con tal acto.

La 12.ª: Que aun el Sr. Marco Antonio más enteramente se reconciliaría con el Sr. Ascanio[8], pues pende su concordia con él de la de V. E., y, por consiguiente, cesarían algunos trabajos que ahora tendrá.

La 13.ª: Quitaría V. E. asimismo de pasiones y pecados muchos, y trabajos a sus criados y los del Sr. Ascanio; y también a los amigos y allegados de la una parte y de la otra, dando a todos grande ocasión de consolarse en el Señor.

La 14.ª: A todas las mujeres se daría un muy loable ejemplo de haberse con la sumisión, humildad y caridad que conviene con sus maridos.

La 15.ª: Universalmente a todo el mundo, así a los grandes como a los menores, que han tenido tanto que hablar y murmurar en esta división, daría V. E. grande edificación y causa de alabar a Dios Nuestro Señor con acto de tanta virtud y nobleza de ánimo.

La 16.ª: Si se ha de tener cuenta con la reputación y honor (como es razón) de V. E., tengo por cierto que la Adquirirá V. E. por esta vía muy señalado honor; porque el honor propiamente es premio debido a la virtud, y así, cuanto esta reconciliación se hiciese con acto más generoso y perfecto, tanto más se le debería y daría por todos los buenos honor; y cuanto es más público y conocido en el mundo este su caso, tanto la fama de la magnanimidad de V. E. se extendería más en él, con gloria suya grande en el cielo y en la tierra.

La 17.ª: También debería mover mucho las buenas y nobles entrañas de V. E. que con este acto mucho soldaría y ayudaría el honor del Sr. Ascanio, el cual también debe tener por propio V. E. y todos sus hijos.

La 18.ª: Pues si V. E. tiene cuenta con su utilidad temporal, tenga por cierto que este modo es el que conviene, porque así se le da como en prenda, y le queda esclavo el Sr. Ascanio; y de aquí se sigue, ultra de dotar las hijas, que pagará las deudas y suplirá para adelante los gastos necesarios de V. E., que será Señora de cuanto él tiene, y todo lo gobernará, como yo tengo entendido del Sr. Ascanio; y soy cierto que sería de mucho alivio a V. E. no tener en qué gravar más en esta parte a sus amigos.

La 19.ª: También con esto se aliviará V. E. de algunos gastos, pues parte de la gente que tiene para su guarda en casa podrá licenciarse.

La 20.ª: Pues cuanto a la seguridad de la persona de V. E., es esta la mejor vía de todas, en cuanto yo puedo alcanzar, porque con ella se da remedio entero a esta llaga que está en el ánimo, y se gana la voluntad del Señor Ascanio, y se quita la ocasión de ser V. E. ofendida de él, y, por consiguiente, de todo temor; pues de quien ama no se teme nadie, y no puede dejar de amar, viendo que V. E. se fía de él y le honra en tal modo; y así todas sus fuerzas serían en defensa de V. E., y no en contra.

La 21.ª: Aunque él retuviera mala voluntad, lo cual tengo por imposible haciendo esto V. E., no es cosa verosímil que él ofendiese su persona; porque temería, si no a Dios, al Papa, al Emperador, a su hijo y a toda la nación española, y vería que era echarse a perder en la fama, y en el estado y vida, y cuanto tiene. Pues cuánto menos aventuraría él esto, humillándose a él V. E., como es dicho, y obedeciéndole en lo que conviene.

La 22.ª: Pues si se mira al contentamiento y descanso de V. E., el asegurarse es la vía para alcanzarle, quitando el temor, la desconfianza, las sospechas y los sobresaltos que tendría necesariamente si se hubiese de guardar de su marido, no entregándose a él y poniéndose enteramente en sus manos.

La 23.ª: También es vía para la quietud y paz del espíritu de V. E. quitarse de tantas ocasiones de sinsabores como ahora tiene, viviendo con comodidad temporal y espiritual en su casa.

La 24.ª: Pues también, si se mira la facilidad de esta concordia, es cierto que la vía que yo propuse es mucho más fácil que ninguna otra, sin tantos negocios, rodeos y medios.

La 25.ª: Si se mira la brevedad, la cosa es acabada hoy, y cada cuando V. E. quiera acabarla por esta vía; por otra, no sé cuándo se acabará.

La 26.ª: Últimamente, mire V. E. que este es el parecer de los que son más aficionados a su servicio en Cristo Nuestro Señor, y que es justo creer a otros en causa propia más que a sí misma.

Hasta aquí la carta, que termina sin saludo porque la dejo en propia mano como un recordatorio de lo que le había dicho. Ahora queda en tu mano ver qué puedes hacer por tu matrimonio o por el matrimonio de algún conocido o ser querido. De mi parte, solo un consejo más, que tampoco es mío, sino del P. Parick Payton, tomado de su libro All for Her (Todo por Ella):

El Rosario ha salvado al mundo en el pasado, y lo volverá a salvar salvando a la familia. El Rosario en familia es un modo práctico de fortalecer la unidad de la vida familiar, tan fácilmente debilitada por el modo moderno de vivir.

La familia es el tesoro más grande que posee la tierra. Dios es el tesoro más grande del cielo. El Rosario es el eslabón de acero que tiene el poder de unirlos a ambos para el tiempo y la eternidad.

¿Cuántas familias ha salvado el Rosario? Sólo lo sabremos en el cielo pero sin duda son muchísimas, incluida la de quien escribe estas líneas. ¡Gracias mamá por ese Rosario diario! ¡Gracias papá por aceptar también rezarlo!

Y sino puedes en familia, hazlo solo, pero no dejes de hacerlo… como pidió nuestra Madre en Fátima. Ella se encargará de mover los corazones del resto de la familia.

¡Ave María y adelante!

 

 

[1] Cf. R. García-Villoslada S.I., San Ignacio de Loyola: Nueva biografía, BAC Maior, Madrid 1986, 543.

[2] Ribadeneira, Miscellanea en FN II, 414.

[3] Ignacio de Loyola, Cartas de San Ignacio de Loyola. Fundador de la Compañía de Jesús, T 3, Imprenta de Don Luis Aguado, Madrid 1899, 136-143. Reproducimos tal cual esta edición, con sus notas al pie -salvo que se indique lo contrario–, solo agregando resaltado/negrita.

[4] La poderosa familia de los Colonnas, que tanto suena en la política y guerras de Italia en el siglo XVI, unida al partido de España y del Emperador, fue muy amiga de la Compañía desde los principios de su fundación, por lo cual sentía vivamente San Ignacio las desavenencias entre Ascanio y su esposa Doña Juana de Aragón. Así, no bastando los avisos por escrito al efecto de persuadirles hiciesen vida común, a pesar de la aspereza del tiempo, y no bien recobrado en su salud, en Noviembre de este año de 1552, acompañado del P. Polanco, salió de Roma para Alvito, frontera del Reino de Nápoles, donde moraba Doña Juana. Recibióle esta muy cordialmente, rindióse al pronto á sus consejos, y parecía haber logrado San Ignacio su intento, entregándole para más asegurarlo un papel, que es la presente carta, en el cual le exponía con suma fuerza y claridad las razones de la conveniencia y necesidad de la deseada unión. Mas como interviniesen después algunas personas, recrecieron los antiguos disgustos hasta el punto de no verificarse jamás lo que pretendía San Ignacio. Doña Juana, que era de la familia real de Aragón, amiga y cuñada de Victoria Colonna, tan celebrada por los poetas de su tiempo, conservó siempre gran reverencia y estima del Santo fundador de la Compañía, y después de su muerte dio una casa que poseía en el Quirinal, donde está ahora el Noviciado de San Andrés, y fue considerada como fundadora. (Orlandini, XII, 11.—Sachini, Borgia, lib. II, n. 16, 17.)

[5] Podríamos decirlo así en castellano moderno: «No puede haber una verdadera reconciliación mientras los corazones no queden realmente pacificados y unidos». (Nota nuestra).

[6] Matth. XIX, 5, 6.

[7] Ephes. V, 22, 23. – I. Petr. III, 6.

[8] El insigne Capitan Marco Antonio Colonna, Duque de Paliano, hijo de Ascanio Colona y de Doña Juana de Aragón, Capitán de las galeras del Papa en la para siempre memorable batalla de Lepanto. Fue muy amigo de la Compañía, y fundador con su madre del Noviciado de San Andrés de Roma. (Sachini, Borgia, II, 17.)

Un comentario:

  1. Francisco Baeza

    Padre Gustavo, su escrito refleja con claridad el celo pastoral de San Ignacio por la familia, aunque el desenlace histórico nos recuerda que la reconciliación también requiere la apertura libre y sincera de ambas partes. Un valioso aporte para reflexionar sobre la humildad y la gracia en el matrimonio.

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