“Sobreabundancia de la gracia” (Rm 5,17)

Hace unos días, más exactamente el 3 de diciembre, llegué, junto con mis compañeros, al décimo aniversario de ordenación sacerdotal, y no puedo dejar pasar la oportunidad sin mencionarlo. No haré una profunda reflexión sobre el sacerdocio, ya que aún con diez años no me creo capaz –y no sé si alguna vez lo seré–; solo esbozaré un público agradecimiento a Dios, porque estimo que en justicia debo hacerlo, por haberme prodigado su gracia de manera sobreabundante[1]. Misericordiosamente investidos de este ministerio[2], dirá San Pablo, agregando: llevamos este tesoro en recipientes de barro[3]. Me parece que en estos dos versículos…

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¿Para qué lo hacemos?

En nuestro obrar siempre existe un para qué… un proyecto planeado y pensado tiene siempre un objetivo determinado, pero también una simple acción cotidiana, no se realiza sin focalizar un fin concreto. Incluso este para qué muchas veces podría preguntarse de manera más acertada con un para quién. En el post “Quiero ser santo” decíamos: “Enseña la filosofía que la “causa final” es la primera en la intención y la última en la ejecución. Primero me decido a alcanzar tal o cual objetivo/fin, y luego, entonces, pongo en marcha toda la serie de medios y disposiciones necesarias para llegar a…

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