Lefebvrismo: lo tenían todo, menos la caridad

Les debía esta entrada. Hace poco publiqué Forma y esencia de la Misa: el error que une extremos (ni lefebvristas ni progresistas), y al final prometí volver sobre el tema, a raíz de lo que vivimos con la excomunión de los lefebvristas. Aquí vamos entonces.

El objetivo de esta entrada es muy sencillo: que lean un texto que vale la pena y aclara muchas dudas. Es la serie Filo-lefebvrianos del P. José María Iraburu, publicada en su blog Reforma o apostasía. Os la dejo completa al final.

Pero antes les comento algunas cosas.

«Solo nos faltaba la caridad»

En algún lugar del mundo, un grupo de personas que venían del lefebvrismo volvieron a la plena comunión con la Iglesia y se acercaron a un grupo católico nuestro. Uno de ellos le dijo al sacerdote algo que no se me olvida:

—Padre, con los lefebvristas teníamos todo: la formación, la liturgia, la doctrina… Solo faltaba la caridad.

Casi nada. Solo faltaba lo que, según San Pablo, da valor a todo lo demás: «Si no tengo caridad, no soy nada» (1 Co 13,2). Se puede tener la liturgia más cuidada, la doctrina más precisa y la formación más sólida. Si falta la caridad, falta el alma. No digo que pase esto en todas las iglesias lefevbritsas, pero me pareció interesante el comentario y digno de ser tenido en cuenta. Resulta que separarse de la Esposa de Cristo es difícil que no tenga consecuencias en la caridad…

Cuando no se puede hablar de otra cosa

La segunda historia es más doméstica. Un chico católico en algún lugar del plantea, estaba de novio con una chica lefebvrista. Ella lo quería «convertir» a toda costa. Él, al principio, escuchaba y discutía. Hasta que un día le dijo: «Basta. Hablemos de otra cosa».

Y ella no pudo. No podía dejar de hablar de eso. Todo volvía al mismo tema.

Él consultó a un psicólogo muy bueno, que le dijo sin rodeos: «Mira, aquí hay un problema de fondo. No vas a poder cambiarla. Te conviene dejarla».

Quiero matizar esto, porque no se trata de poner etiquetas psicológicas a nadie. No todo el que tiene simpatía por el lefebvrismo tiene un problema de ese tipo. Pero conviene tenerlo en cuenta: cuando una persona no puede hablar de otra cosa, cuando todo se reduce a la crisis de la Iglesia, a lo mal que está Roma y a lo bien que están «los nuestros», hay algo que no funciona. La fe sana es serena. Sabe hablar de Dios, de la familia, del trabajo, del tiempo, de la vida. La obsesión no es celo; es otra cosa.

Si estás en una relación así, de noviazgo, de amistad o de trabajo, no te enredes en discusiones interminables. Reza, pon límites y, si hace falta, toma distancia.

Un aviso que viene de lejos

Alguien que conoció de cerca al P. Julio Meinvielle, el gran sacerdote y pensador argentino, lo recordaba con gratitud por esto mismo:

«Nunca le agradeceremos suficientemente al Padre Meinvielle que nos haya alertado tan clarividentemente sobre los errores del progresismo, sin caer, no sólo en el lefebvrismo, pero ni siquiera en los múltiples vericuetos del semilefebvrismo, con sus nostalgias absurdas, sus remilgos para con el Magisterio, su pensar estereotipado, sus resentimientos por supuestos no-reconocimientos, su comportamiento acartonado, su pastoral de escritorio y sus vidas no proféticas».

Y añadía la razón: su fidelidad a Jesucristo «se afirmaba sobre la roca de Pedro, en las enseñanzas de sus sucesores, los Papas».

Merece la pena releer esa lista despacio: nostalgias, remilgos con el Magisterio, pensamiento estereotipado, resentimiento, rigidez, pastoral de escritorio. No hace falta estar fuera de la Iglesia para caer en eso. Por eso el P. Iraburu, en lo que va debajo, habla de filo-lefebvrianos: católicos en comunión con Roma que, sin darse cuenta, comparten el espíritu de fondo del lefebvrismo.

La caridad de un Papa

Y ahora algo que quiero destacar del texto del P. Iraburu.

Dos días antes de aquellas ordenaciones episcopales ilegítimas de 1988, San Juan Pablo II no se limitó a amenazar con sanciones. Escribió de su puño una carta a Mons. Lefebvre. Así terminaba:

«Os invito ardientemente a volver humildemente a la plena obediencia al Vicario de Cristo. No solamente os invito a ello, sino que os lo pido por las llagas de Cristo, que la víspera de su Pasión pidió por sus discípulos «a fin de que todos sean uno». A esta petición e invitación uno mi plegaria cotidiana a María Madre de Cristo. Querido hermano, no permitáis que el año dedicado de una manera muy especial a la Madre de Dios traiga una nueva herida a su corazón de Madre» (Juan Pablo II, carta a Mons. Lefebvre, 9 de junio de 1988).

«Querido hermano». «Os lo pido por las llagas de Cristo». Así habla un padre. El Papa no mandó; suplicó. Tenía toda la autoridad y eligió pedir de rodillas.

Mons. Lefebvre no escuchó. Ordenó a los cuatro obispos, y Juan Pablo II tuvo que declarar, con gran dolor, que aquel acto era cismático y que los implicados habían incurrido en excomunión (Juan Pablo II, Ecclesia Dei, 2 de julio de 1988, n. 3). Pero antes de la pena estuvo la caridad. Esa es la escena que conviene grabarse: de un lado, un Papa que ruega por las llagas de Cristo; del otro, quienes lo acusaban de haber perdido la fe.

Lee esto

Iraburu señala con claridad los dos errores de fondo del lefebvrismo:

  • El primero: el juicio condenatorio sobre la Iglesia presente y sobre el Papa.
  • El segundo: creerse necesarios para que la Iglesia no se derrumbe.

Y responde con una frase que lo resume todo: el Señor no necesita de nadie para salvar a la Iglesia. Es la Iglesia la que nos salva a nosotros.

El texto es largo, pero vale cada página. Léanlo con calma, sobre todo si tienen cerca a alguien tentado por ese camino, o si notan en ustedes mismos algo de esa lista: la nostalgia, el remilgo, el resentimiento… Sin duda, el progresismo galopante es difícil, pero no es cuestión de irse al otro extremo.

👉 [Aquí] — Filo-lefebvrianos, José María Iraburu

Una sola aplicación práctica para terminar. Si alguna vez tienes que elegir entre tener razón y tener caridad, recuerda aquella frase: «Lo teníamos todo… solo faltaba la caridad». Que no nos falte a nosotros.

¡Ave María y adelante!

27 comentarios:

  1. Que gran mentira, se nota que no conocen una parroquia de la fraternidad. Los sacerdotes son verdaderos pastores que dan la vida por sus ovejas. Que pena que usted divulgue la separación y las mentiras. En momentos justamente donde deberíamos de estar unidos. Al menos visite una parroquia antes de promover falsos testimonios.

    • P. Gustavo Lombardo, IVE

      Caridad, gracias por su comentario. ¿Me podrías decir donde miento por favor?

      No dudo de que haya sacerdotes buenos y entregados en la Fraternidad, y no es esa la cuestión. El problema no es la caridad personal de tal o cual sacerdote, sino la separación de Roma y de la autoridad del Papa, que es una herida real a la unidad de la Iglesia. Precisamente por eso escribí lo que escribí: no para dividir, sino para señalar dónde está la verdadera unidad.

      Rezo por eso mismo, por la unidad de todos en la fe y bajo el Sucesor de Pedro.

  2. Lo extraordinario y sobrenatural que guarda esta VIRTUD para quienes humilde y fervorosamente la desean, la ansían, la buscan… es el BIEN SUPREMO al cual podemos afortunadamente( por misericordia y gracia divina) alcanzar, para comenzar aquí en la tierra y en esta vida a deleitar( en pequenííííísima proporción) la gloria del cielo.
    Gracias Padre.🙌🙏
    Sabrina.

    • P. Gustavo Lombardo, IVE

      Hola Sabrina, hermoso lo que escribe sobre la caridad; es verdad, es el
      bien supremo, y aunque aquí la gustemos en pequeñísima proporción, ya es un
      anticipo del cielo.
      Gracias por su comentario!
      Rezamos!!

  3. Maria del Carmen Monechesi

    Totalmente de acuerdo con el comentario anterior; porque dijo que les falta caridad ? eso abunda en la fraternidad.San Pío X

  4. concepciongranados44

    Totalmente de acuerdo con el comentario anterior .Y a la fraternidad le sobra la caridad .
    Viva San Pío X

  5. Si los únicos buenos somos nosotros y todos los demás son, de dudoso para abajo… Entonces, nos hemos convertido en un ghetto. Ghetto de falsa seguridad de «estar en lo correcto». No es lo que dijo Cristo.

    • P. Gustavo Lombardo, IVE

      Mónica, gracias por su comentario.

      Tiene razón en el fondo: el peligro del gueto y de la falsa seguridad existe, y no es lo que enseñó Cristo. El artículo apunta justamente a eso, a la falta de caridad que a veces se esconde detrás de un «estar en lo correcto». Pero cuidado con el otro extremo: reconocer el error de unos no significa decir que todo da igual o que no hay verdades que defender. Se puede sostener la verdad con caridad; de hecho, sin caridad ni siquiera se sostiene bien la verdad.

      Rezamos!!

  6. No se que parte de obediencia al Santo Padre es la que no han entendido. Es difícil rendir el propio juicio y confuso está a veces el corazón. Si no consiguen alinearlo con Roma lo que pueden preguntarse es ¿Por qué?, ¿qué es lo que me estoy perdiendo? , ¿qué es lo no llego a comprender? .Y empezar ahí. Si no se consigue será la obediencia la que sostenga el camino hasta que se este se despeje. De la mano de Nuestra Santísima Madre como niños pequeños es como mejor se va, mirándola a ella confiados y seguros.

  7. Buenos días. Vengo a desmentir este artículo. En primer lugar, da la impresión de ser un artículo más bien mal intencionado, basándose en la experiencia personal de dos fieles sin contexto suficiente y que perfectamente podría compararse a las mil experiencias terriblemente escandalosas y decepcionantes que he vivido en muchas congregaciones modernas y por sacerdotes diocesanos que han no solo afectado a mi alma, sino a la Iglesia. No por eso juzgo la caridad de la congregación o las intenciones de esas personas. Al menos ese fiel ha admitido que la FSSPX tiene la formación, liturgia y doctrina, algo que ya es imposible encontrar a día de hoy y necesario para la salvación de las almas. De ahí sale la caridad que voy a exponer más adelante.

    Es interesante ver, de nuevo, el siguiente testimonio de ese fiel cuya novia parece estar seriamente preocupada por su alma (vaya, si no es eso caridad, no sé entonces a qué llama usted caridad) e intente alejarlo del modernismo (conjunto de herejías condenadas por la Iglesia y sus santos Pontífices) con insistencia. Que haya sido un poco pesada o no haya sabido utilizar el mejor método, realmente no es culpa de la fraternidad. Cada fiel cuenta con un temperamento e imperfecciones que debe ordenar. Muchos fieles de la fraternidad dedican su vida a acercar a las almas a la Tradición (pilar de autoridad) y gastan todas sus energías en ello. En cambio, en la mayoría de ocasiones los jóvenes bautizados que he encontrado en círculos no tradicionales que afirmaban creer en Dios y asistir a misa, raramente llevaban una vida coherente o hablaban de Dios. Así que no está usted para utilizar ningún testimonio para dejar mal a la fraternidad sabiendo que en general no hay muy buen ejemplo en congregaciones modernas. De nuevo, dependerá de la santidad de cada persona.

    Desde que empecé a asistir a la Fraternidad San Pio X, he observado caridad en los siguientes puntos:

    – Entrega total de sus sacerdotes a las almas que se encuentran sin posibilidad de recibir Sacramentos y doctrina (en zonas remotas del mundo, porque son misioneros, solo hay que ver el documental).
    – Dirección espiritual tanto en persona como a distancia.
    – Paciencia infinita y gran bondad con personas que no venían de la Tradición a la hora de cambiar hábitos o adquirir nuevos.
    – Enseñanza de Catecismo y actividades que santifican a todas las edades y todo tipo de personas.
    – Ni una sola palabra negativa sobre el corazón de las personas o sacerdotes alejados de la Santa Tradición, sino hechos y actitudes objetivas y observables que ofenden a Cristo.
    – Amor hacia al Santo Padre, pero amor de verdad, el que corrige y desea la conversión de su alma, por su bien y el de la Iglesia, no el que le aplaude cuando se equivoca y no es capaz de admitir que hace algo mal. Rezos por él, misas, rosarios. Etc.
    – Ayuda económica o alojamiento para fieles que se encuentren lejos de la misa tradicional.
    – Trato positivo y ejemplar entre la mayoría de fieles.

    Y por último, me gustaría hablar de Monseñor Lefebvre. Mucha gratitud hay que tener para mencionar su nombre. Monseñor Marcel Lefebvre, ejemplar católico, seminarista y mano derecha de incluso la máxima autoridad en la Iglesia. Misionero incansable, transformador de África, protector de la recta doctrina y Santa Misa Tridentina, la misa de todos los Santos y Doctores. Qué decir, pues. Es muy injusto calificarle de desobediente cuando él mismo se rigió por el principio de Santo Tomás de Aquino de la obediencia ordenada y el ejemplo de otros Santos como San Hermenegildo, San Ambrosio, Padre Pio… etc.
    Juan Pablo II, tras su bofetada a Jesús en el encuentro ecuménico de Asís y su beso al Corán, destrozó las misiones y el corazón de Monseñor Lefebvre. La gente se olvida de eso con frecuencia. Monseñor no solo intentó y QUISO, negociar con Roma, sino que lo hizo. Y con un cáncer encima, decidió no obedecer al error, sino a la Fe. Tuvo que sacrificarse a sí mismo, a la Iglesia a la que había dado toda su vida (su biografía es de más de 900 páginas) para que usted y nosotros tuviéramos una rama verde en la Iglesia a la que acudir. Y no con un obispo con las manos atadas que nos pudiera quitar la misa o las capillas como le ocurre a la FSSP, sino con plena libertad para los fieles de denunciar el error y estabilidad. Es un derecho.
    No es que él desobedeciera al Papa, es que el Papa no obedeció al Magisterio. Ni a la Santa Tradición. Ni a Cristo.
    Es más, debería haber sido el propio Papa el que salvara la Santa Misa, aunque hubiese sido mártir.
    Podría defenderle a capa y espada durante horas, pero conviene leer su vida e informarse más sobre qué ocurrió en el concilio y posteriormente. Con calma, pero con honestidad.
    Para mí, la Fraternidad San Pio X ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Y con este texto no juzgo su corazón, sino que expongo la verdad de los hechos.

  8. Querido Padre Lombardo,
    Este artículo miente cuando dice que en la FSSPX no hay caridad. Lo que es realidad es que al pecado se le llama pecado y nos ayudan y enseñan a identificarlo, cosa que desgraciadamente se ha olvidado hoy en día, que el pecado existe. Tal vez es eso lo que a algunos feligreses les parezca falta de caridad. El adulterio, la fornicación, son pecados aunque no nos guste. La verdadera caridad es buscar la salvación de las almas e instruirlas en cómo acercarnos a Dios y no quedar bien con el mundo.

    Aquí pongo un pequeño vídeo ejemplo de la caridad dentro de la FSSPX, que desgraciadamente no es fácil de encontrar hoy en día con muchos sacerdotes con agendas llenísimas donde apacentar a las ovejas tiene una segunda prioridad.

    https://youtu.be/vKOA7C16Ltw?is=hQiYp_Pw8WSSpZKr

    Que Dios lo bendiga Padre Lombardo y siga con su apostolado de la buena doctrina y no echar tierra a quien solo busca y quiere ser católico según la doctrina y tradición de siempre.

    Caridad

    • P. Gustavo Lombardo, IVE

      Caridad: aclaro esto en el post: «No digo que pase esto en todas las iglesias lefevbritsas». Rezamos!

      • Reconozca que ha metido la pata, jajajaja!
        Usted hace una gran labor, y también rezamos por el IVE que también está en el punto de mira de los enemigos de la Iglesia en el Vaticano.

  9. RICARDO Ricardo Soto

    Dejé la Iglesia Católica por 30 años después de haber participado mucho en ella, no tuve formación cuando la busqué, dos sacerdotes de la parroquia dejaron el sacerdocio para casarse y el resto de los sacerdotes vivían una vida bastante disispada. Me fui al protestantismo donde me acogieron con «caridad» después de tantos años he vuelto por la Liturgia reverente, el serio compromiso de los sacerdotes, ver una comunidad viva con muchos niños bien enseñados, una comunidad ferviente. No hay caridad? Cómo le llaman a estar horas confesando, o enseñando o dando dirección espíritual, viajar enormes distancias para dar los sacramentos. He visto a sacerdotes sacarse su abrigo para darlo a algún indigente, darles comida. Darnos el pan espiritual, dejar a sus familias lejos para seguir el sacerdocio de Jc. A mí me escuchan, aconsejan dirigen, yo veo a Cristo en ellos, el celo por Jesucristo. Si no fuera por ellos seguía siendo protestante. Cuando volví a la Iglesia varios sacerdotes me dijeron que me quedara en la iglesia protestante que no era necesario volver. Gracias a la Fsspx es volví al catolicismo.

  10. Yo no soy lefebvrista, pero me llama mucho la atención las cosas que en este aciago tiempo suceden dentro de la Iglesia. Es tan llamativo como este artículo, que se ufana hablando de que lo esencial es la Caridad, y en el mismo artículo, lo que justamente no aplica y no tiene, es esa sustancial virtud teologal.
    En la aplicación práctica que se sugiere al final del texto, al tener que «elegir entre tener razón y tener Caridad», el autor —en contradicción con lo que él mismo está queriendo aconsejar— prefirió el ir en contra de la Caridad.
    Es llamativo el que justo haya publicado esto en el día donde, en la Liturgia, Cristo en el Evangelio (ante la palabra que Le dirige Juan diciéndole que habían visto a uno actuar en su Nombre, y que entonces trataron de impedírselo), contundentemente les dice: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes» (Lc 9,50).

    A mí me resulta increíble la facilidad con la que tantos «dictan sentencia» y así nomás, al todo por la parte, como en este artículo sucede, poniendo primero el ejemplo de uno —¡vaya a saber quién! («en algún lugar del mundo»)— se le ocurrió decir: «Con los lefebvristas teníamos todo: la formación, la liturgia, la doctrina… sólo faltaba la caridad»… Y ya, entonces, con ésto dicho por esta sola persona desconocida, se transforma en una verdad certera y sine qua non, que aplica a toda la FSSPX. Aunque luego, queriendo ser políticamente correcto, intente matizar diciendo «No digo que pase esto en todas las iglesias lefevbristas», sin embargo es lo que él hace implícito en que quede, si hasta lo puso como título de su entrada.
    No dudo en que haya sido una experiencia real la que pudo vivir esa persona, y con uno o varios dentro de los lefebvristas, pero es de una imprudencia grande, y más aún, de una injusticia y falta de Caridad, el hacer por ello una acusación, un juzgamiento y una sentencia al «todo», por lo acontecido en una pequeña «porción». En todos los órdenes de la vida habrá alguien que no hace lo que debiera, pues «en pecado nos concibió nuestra madre», pero de ahí a generalizar…

    Seguidamente, en esta entrada, el autor vuelve a hacer lo mismo, con el caso de esa «novia insistente», que por defender lo que ella creía y entendía como esencial para su vida, para su noviazgo y la proyección futura con el que sería luego su esposo, en la formación de una santa familia centrada en Dios y en la profesión de su fe católica según ella está convencida de que debe de ser… (¿Por qué entenderá él sólo la posibilidad de «obsesión» y no la de una convicción, cuando propiamente el seguimiento sincero de Cristo, implica de suyo la radicalidad?).
    Pero el tema es que, con este ejemplo, vuelve él a hacer lo mismo, pintándola como alguien con problemas psicológicos irreparables (según el «buen profesional»). Aunque así lo fuera realmente, en ese caso particular, toma esto para ya dictar —otra vez— sentencia a toda persona lefebvrista, por el solo caso particular de alguno dentro de la FSSPX. Y lo hace así aunque —nuevamente— quiera salvar la cosa y diga, que quiere «matizar esto, porque no se trata de poner etiquetas psicológicas a nadie», y que «no todo el que tiene simpatía por el lefebvrismo tiene un problema de ese tipo», pero él, implícitamente, sí lo está afirmando, porque así queda. 
    Este accionar es injusto en sí, y falto de Caridad, y ésto es así sea donde sea y ante cualquier grupo, institución, comunidad, etc. a la que se lo aplique.

    Y aquí, centrado en el Corazón de Cristo, se me vienen algunas preguntas:

    ▪ ¿Y si el ataque lo centráramos más contra aquellos que son los reales enemigos de Cristo, los que están contra Él y que son los que en verdad «desparraman» (Cf. Mt 12,30), y NO contra aquellos que están tratando —a su modo— de recoger, para la mayor gloria de Dios?
    Hay cosas muchísimo más importantes que debatir, y que urgen, y que son mucho más convenientes que el estar acentuando «grietas» y divisiones entre los que queremos seguir a Cristo de corazón…

    ▪ ¿Y si mejor probaran los sacerdotes (y también todos los laicos «practicantes») que están detrás de sus escritorios y muy metidos en los medios y redes, el de —a imitación de Cristo— movilizarse más en el ir en busca de las almas y conquistarlas para Él, pero con el ejemplo vivo de la propia santidad, poniendo por relevancia el amor y la fraternidad?

    ▪ ¿Y si mejor van los sacerdotes en búsqueda de las ovejas perdidas en el campo concreto de la Parroquia, de la comunidad, del barrio… saliéndose de sus comodidades, para encontrarse con esas ovejitas perdidas y sedientas de Verdad, y cargarlas sobre sus espaldas; a esas pobres almas que desearían encontrarse con un buen sacerdote, íntegro y coherente, apasionado por la causa de Cristo y sediento —como Él— por la Salvación de todos los pobres pecadores?

    Si todos nos centráramos en el Sacratísimo Corazón de Cristo y en Su divina y santa Voluntad, de seguro dejaríamos de entrar en discusiones así, entre hermanos, que debiéramos de estar unidos en la lucha contra satanás y el pecado, mostrando unidad en lo sustancial y dejando de lado estas acciones infructuosas, que son reales «remilgos y pastorales de escritorio».
    Es que, muchas veces, de lo que nos quejamos es también de lo que adolecemos.

    “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera.” (José Hernández).
    Y ésto es lo que pasa hoy en la Iglesia, donde el demonio es el más beneficiado, consiguiendo desunión y divisiones entre los que nos decimos «seguir y amar a Cristo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos»; y así, con toda facilidad, las almas son «devoradas» para terminar en el infierno y sus abismos.

    Repito: no soy lefebvrista, pero sí un católico practicante que conoce de muy cerca a muchos sacerdotes y aún a obispos, que tienen mucho a Dios en su boca, mas no en su corazón y obrar… que tienen mucha erudición, pero una falta de fe que escandaliza… que se regodean hablando de misericordia, de pobres y de pecadores, pero que, sin embargo, dejan morir las almas de inanición espiritual…

    ¿Quién se pregunta de todos nosotros, el ¡Qué es lo que desea Dios!?
    ¿Quién lo pone a Cristo en primer lugar, negándose a sí mismo, muriendo a sus propias ideas y sentires, para ver los sucesos con real Caridad y desde la única óptica de Dios, desde Su santa Voluntad?

    «Por sus frutos los conoceréis» (Mt 7,16); he ahí la verdad con la que debe medirse todo.
    Quien siendo vid, y da como fruto uvas (no «espinos o abrojos»), ése es el que será vid verdadera, según «el pensamiento de Cristo, y no el de los hombres».

    • P. Gustavo Lombardo, IVE

      Juan, gracias por tomarse el tiempo de escribir.

      Más allá de lo que usted opine del artículo y de mi persona, el objetivo
      del post es otro, y está claro en el texto con el que lo cierro: [que se
      lea ese texto]. No sé si lo leyó; si no, le pido que lo haga, porque ahí
      está lo que quise decir.

      Sobre lo demás, brevemente:

      No hay que separar la caridad de la verdad. Señalar un error concreto no es
      falta de caridad. Santo Tomás enseña que la corrección fraterna es un acto
      de caridad (II-II, q. 33, a. 1), y comentando a Aristóteles dice que, entre
      los amigos y la verdad, hay que preferir la verdad.

      No generalizo, y lo digo expresamente. Puse un caso concreto porque un caso
      concreto ayuda a que otro vea dónde puede caer. Lo que me preocupa es que
      buenos católicos terminen en el filolefebvrismo, que a la larga no les hace
      bien.

      Sobre el tema psicológico: tampoco generalicé pero quizás con casi 21 años
      de sacerdote conozco un poco más que ud sobre el tema.

      Por lo demás, usted mismo dice conocer muchos sacerdotes y obispos que
      tienen a Dios en la boca y no en el corazón. Supongo que no por eso juzga a
      todos, no? Lo mismo hago yo.

      Y sobre lo de los sacerdotes «detrás de sus escritorios»: me ha hecho
      sonreír, porque le respondo desde Tanzania, donde estoy predicando
      Ejercicios. Ya ve que a veces el escritorio queda un poco lejos… Pero no
      se preocupe, entiendo que no lo sabía; por eso mismo conviene no juzgar a
      quien no se conoce. Justo lo que usted me pedía a mí.

      Ave María y adelante!!

      • Padre Gustavo, soy yo quien le agradece el tomarse el tiempo para escribirme.

        Mi comentario no apuntó a juzgarlo ni a hablar en sí sobre su persona, a quien no tengo la gracia de conocer personalmente, pero sí varios de sus escritos, en donde ellos mismos dan cuenta clara de quién es usted: un buen sacerdote de Cristo y de la Iglesia.
        Le pido disculpas si pude en lo que escribí llevarlo a que pensara en que era algo contra usted.

        Sí, es verdad, el que partí de este artículo de su autoría, para hablar de algunas cosas que me duelen, y mucho, de los que conformamos la Iglesia en este tiempo, donde veo la tendencia en la mayoría a ir hacia como un «implosionarse», como un ataque desde dentro a los de adentro, procurando —aún sin intención, o con buena intención incluso— más la división que la unidad, desenfocándose del verdadero objetivo que tiene que perseguir un cristiano católico, y que es el procurar —desde y como instrumentos de la Gracia— la conversión y la Salvación de las almas.
        Si dinamitámos a los que están pretendiendo «juntar» para Cristo, en lugar de ocuparnos más especialmente de los que «desparraman», estamos en un verdadero problema, porque el mundo mirá de afuera, y al no ver la unidad, no ven ya creíble el mensaje de la Iglesia, no ven una fe sólida y el amor que debiera reinar entre nosotros, y el cual —ante el buen ejemplo— los haría desear en alcanzar.

        No creo yo que sea un buen tema —para quien busca almas para Cristo— el centrarse en comentarios como el de los lefebvristas, porque distraen del verdadero objetivo, que debe de ser Cristo, y entonces quedándose en el «escritorio» y lo circundante, y no en lo medular que debiera en movernos.
        ¿Me va comprendiendo usted, padre?

        Por ejemplo, me acabo de enterar de su nuevo libro, «De espaldas a Dios», del cual pude sólo hasta ahora leer el índice. ¡Lo felicito, vivamente! ¡Éso es lo que necesitamos, apuntar los cañones a aquello que nos hace perder el alma, que lleva a las personas a un error nefasto, a tergiversar la Doctrina recta de Cristo, a creer, profesar o «vivenciar» una muy falsa y tramposa espiritualidad…!
        En cambio, hablar de Lefebvre y de los lefebvristas, nos sitúa en algo que es muy distinto.

        Yo le pregunto ahora a usted, para ver cuál es su consideración (y lo hago más allá de todas las opiniones o argumentos que podrían presentarse a favor o en contra de unos y de otros, de Roma o de la FSSPX, de las cuestiones «finas o gruesas» en ese asunto…):

        1)- Las personas que concurren a la FSSPX, a sus Misas tridentinas, ¿alcanzan o no la Salvación para sus almas?

        Y como segunda pregunta:

        2)- Las personas que concurren a yoga, reiki, o cualquier otra espiritualidad posmoderna y new age, ¿alcanzan la Salvación, o más bien la perdición para sus almas?

        Sabemos, usted y yo, que la respuesta en el primer caso es que sí alcanzan la Salvación, y que en el segundo caso se da lo contrario, ¿verdad?

        Entonces, como última pregunta:

        3)- Si buscamos que las almas alcancen a Cristo, su Gracia y la Salvación, ¿en qué grupo de los dos debemos de apuntar nuestro trabajo de evangelización con mayor insistencia y urgencia?

        Claramente, padre, en el que usted mismo se ocupó, editando este libro y que, a su vez, de seguro, como buen sacerdote que es, no se limitó usted sólo a escribirlo, sino que lo ha predicado en sus homilías, Ejercicios Espirituales, charlas, escritos y demás acciones pastorales.

        Por eso lo animo a seguir más bien por ese camino, el de buscar a las ovejas perdidas, y no a las que, de una u otra forma, están en el redil.

        Hablar de Lefebvre y de los lefebvristas, no es un tema tan sencillo: son muchas las aristas a tomar en cuenta, del lado de ellos y del de Roma. Sabemos de Santos que estuvieron excomulgados, y sin embargo a ellos le debemos la defensa y el triunfo de la recta Doctrina en la Verdad. No aseguro que sea el mismo caso, pero, ¿podría asegurar usted, padre Gustavo, el que Mons. Lefebvre está condenado en el infierno por la excomunión que recibió?
        ¿Y si fuese que no, y entonces, hubo validez en su accionar?

        Por éso decía yo en lo anterior, el que pongamos la mirada en los frutos, y, con toda sinceridad, al día de hoy por lo menos, parecen que son muchos y muy santos los frutos que la FSSPX ha dado, basta sólo el ver las vocaciones que tienen.

        Por eso digo: mejor ocupémosnos, usted, yo y todos los que de verdad amamos a Cristo, de lo que nos pide Él, y menos de lo que no nos pide, y dejemos tranquilos a los que, según parece en los hechos, en lugar de desparramar están juntando para Cristo. Y «si no están contra nosotros, entonces están con nosotros» (Lc 9,50).

        ¡Muchas gracias, padre Gustavo!
        Esperaría que haya comprendido mejor a lo que quise referirme.

        Un abrazo grande, en Cristo y en María Santísima.
        Dios siempre lo bendiga y guarde.

        • Desparramar ,y derrapar, ya puestos, lo llamo yo desobedecer: al Santo Padre ni más ni menos al Vicario de Cristo, al sucesor de Pedro cabeza de Nuestra Santa Madre Iglesia, aquella sobre la cual Jesucristo Nuestro Señor dijo que las puertas de infierno no prevalecerían.

        • P. Gustavo Lombardo, IVE

          Patricia, muchas gracias por su comentario, totalmente de acuerdo.

          La obediencia al Santo Padre no es un detalle más: es la garantía misma de
          estar en la Iglesia que Cristo fundó sobre Pedro.

          Rezamos!!

          P. Gustavo

      • P. Gustavo Lombardo, IVE

        Juan, gracias por sus palabras y por la aclaración, se lo agradezco de
        corazón.

        Entiendo bien su punto, y comparto que lo central siempre tiene que ser
        Cristo y la salvación de las almas. Por eso escribí «De espaldas a Dios», y
        por eso también a veces hace falta señalar con caridad lo que divide dentro
        de la Iglesia, no para condenar personas sino para ayudar a ver con
        claridad. No son cosas excluyentes.

        Y acá quiero ser preciso, porque es justamente ahí donde se juega lo serio
        del asunto.

        No juzgo a ninguna persona en particular. Ni a Mons. Lefebvre, ni a un
        sacerdote de la Fraternidad, ni a un fiel que va a sus capillas. La
        conciencia es de cada uno, y el estado de un alma lo conoce sólo Dios; eso
        no me corresponde a mí ni a nadie.

        Pero la cuestión objetiva es otra, y es muy grave: «extra Ecclesiam nulla
        salus», fuera de la Iglesia no hay salvación. Ellos no están en comunión
        con la Iglesia, y eso no es un detalle ni una cuestión de sensibilidad
        litúrgica: están excomulgados. Es muy fuerte, y por eso mismo no puedo
        tratarlo como una opinión más dentro de casa.

        Que una persona concreta pueda salvarse estando ahí de buena fe, no lo
        niego: puede salvarse, lo mismo que puede salvarse un evangélico o un
        musulmán que está de buena fe. Pero fíjese bien lo que estamos diciendo.
        Estamos hablando del camino por el que se salva quien está fuera y no lo
        sabe, no de una posición legítima dentro de la Iglesia. Cuando uno lo ve
        así, se entiende por qué insisto, y por qué me duele ver a buenos católicos
        derivar para ese lado. Y es cierto: ud puede decir: «unos están mas lejos
        que otros», puede ser… pero ¿quién «mide» eso? Estar fuera de la Iglesia,
        es estar fuera… ¿me explico?

        Gracias por el ánimo con el libro, y por la caridad con la que escribe.
        Ojalá le sirva cuando lo pueda leer entero.

        Rezamos!!

        En Cristo y María,
        P. Gustavo

    • Mejor desatendidos dentro de la Iglesia Católica que apacentados por excomulgados desobedientes al Santo Padre.

  11. Espero en Dios y se den cuenta de su error y regresen a la madre iglesia. Con humildad y caridad, bajo el pastoreo del Papa. La división no es de Dios!.

    • P. Gustavo Lombardo, IVE

      Hola Antonio, muchas gracias por su comentario!

      Totalmente de acuerdo, ojalá el Señor toque los corazones y se pueda volver
      a la unidad con el Papa, con humildad y caridad, como usted bien dice. La
      división duele y no viene de Dios.
      Recemos por eso!

  12. De ninguna manera comparto lo que se expone como primer error.
    Es una premisa tergiversada.
    No se oponen al Papa, se oponen a algunas directivas progresistas defendidas por aquel.
    Saludos…

    • P. Gustavo Lombardo, IVE

      Fernando, gracias por su comentario.
      No es que se opongan solo a «directivas progresistas»: el problema de fondo
      es que niegan la autoridad del Concilio y del Magisterio del Papa en
      materias de fe y disciplina, no solo algunas aplicaciones concretas. Esa es
      la premisa que señalo, no una tergiversación.

  13. Está claro. Donde está Pedro está la Iglesia. Y recemos más por el santo Padre, que no es fácil su tarea. Seamos un poco más caritativos.

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