¿¡Feliz año nuevo!?

Posiblemente nunca antes la humanidad entera ha deseado que el año entrante sea totalmente distinto al que dejamos atrás. Alguien me decía “mejor ni le cuento lo que le diré hoy a las 00.00hs al 2020”, y por las redes han pululado bromas sobre este “terrible” año que pasó y augurios para el entrante. Ahora bien… ¿fue realmente el 2020 un año desastroso, terrible, olvidable, etc., etc.? No me voy a poner a mencionar los motivos por los cuales parecería que la respuesta es “¡obviamente que sí!”; pero me permito plantear otra alternativa de respuesta, ¿por qué? Porque todo depende…

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ÉL está ahí y ME llama

La presente situación en que nos encontramos a causa del virus, para muchos ha sido una hermosa oportunidad para volver a las cosas esenciales, a todo aquello que es de trascendental importancia en nuestra vida, sin lo cual no podríamos vivir –o no podríamos hacerlo bien y felices– pero que el ajetreo constante de un mundo que no sabía de frenos ni parates, impedía reconocerlo o valorarlo. Muchos, incluso, han podido reencontrarse con “Lo” esencial, o “Él” esencial; como decía Benedicto XVI: “El bien primero y esencial del que tiene necesidad el hombre es la cercanía de Dios mismo”[1]. Y…

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¿Quién es el hombre más feliz?

La liturgia del domingo pasado nos invitaba a la alegrarnos en el Señor ¡¿y cómo no hacerlo?!… a pocos días de la Navidad, es casi una obligación; en realidad es más obligación que en otros momentos, porque la obligación de alegrarnos la tenemos siempre: «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres» (Fil 4,4). En la homilía leí una anécdota que, como me la pidieron en dos oportunidades, me pareció que podría también gustarles y, sobre todo, serles de provecho. La solía usar nada más y nada menos que San Alfonso María de Ligorio en sus prédicas.…

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“¡Oh, qué buen Dios que tenemos!”

«El Hijo de Dios sufrió hasta la muerte, no para que el hombre no sufriese, sino para que sus sufrimientos sean como los suyos»[1]. Jesús, entonces, sufre para enseñarnos a sufrir, porque del sufrimiento es imposible librarnos totalmente en esta vida. Y dentro de sus enseñanzas está el hecho de mostrarnos que a la Cruz, al sufrimiento, no hay que esquivarle. San Lucas en un versículo de su Evangelio nos muestra la firme decisión del Señor de subir al Calvario: “Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén” (Lc 9,51). Después…

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La última carta

Viejito querido: entre lágrimas te escribo estas últimas líneas que hace tiempo que vengo pensando enviarte. Lloro lo que no lloré ni en tu enfermedad ni en tu muerte, porque lo que lloro no sé bien lo que es… Cada vez que pensaba en estas líneas lagrimeaba como ahora… lloro de alegría, lloro de agradecimiento, lloro por haber tenido un papá como vos. Agradezco a Dios el no haberte enviado estás líneas mientras estabas entre nosotros, porque estoy seguro que no las ibas a aceptar… como aquella vez, hace algunos años, que te escribí diciéndote que te agradecía porque siendo mi…

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Nos autem sperabamus…

Nuestro Señor, como lo afirma Santo Tomás en la introducción a la tercera parte de la Suma Teológica, ha “demostrado en sí mismo el camino de la verdad (viam veritatis), por el cual resucitando pudiésemos llegar a la beatitud eterna”, de ahí, sigue el angélico, que es necesario considerar acerca de la vida del Salvador y sus beneficios”. No hay pensamiento, ni palabra, ni obra, ni gesto, ni mirada, ni sentimiento de Nuestro Señor, que no sea para nosotros regla de vida –“¡Cristo es nuestra vida!” dirá el Papa Francisco[1]– y, por supuesto, regla de vida feliz: “Nadie fuera de…

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¿Por qué ser misioneros?

“¡Si se entendiera, si se supiera qué quiere decir misionero, todos querrían serlo!”. Citando esta idea del Beato Paolo Manna, alguien preguntó hace unos días si podría explicarla. Voy a intentar dar una respuesta en esta nueva entrada al blog; tengan en cuenta que no soy un experto en la materia, ni un desgastado misionero en tierras de gentiles. Así y todo creo que algo podemos decir al respecto. Disculpen que arranque bien de “atrás”, pero me parece que vale la pena: partamos por lo que es el Principio y Fundamento en los Ejercicios Espirituales y debe serlo en toda…

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¡Danos la paz!

Decía San Juan Pablo II hace ya varios años que “La comunión con Dios es manantial de serenidad, de alegría, de tranquilidad, es como entrar en un oasis de luz y de amor” (21/04/04); creo que podemos resumir esa iluminadora frase diciendo que la comunión con Dios nos trae la paz. ¡Cuán importante es la paz! Y no solo para los pueblos -que es lo que generalmente se entiende cuando hablamos de paz-, sino para todos y en cada instante de nuestra vida. Por algo en la liturgia, que es “la cumbre hacia donde tiende toda la acción de la…

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¡Paraíso, paraíso!

La semana pasada tuve la gracia de dar los Ejercicios Espirituales a 23 sacerdotes: 22 religiosos del IVE y un diocesano. Una gracia… y un desafío. Como supondrán, predicar a los del “gremio”, agrega cierta “presión”, subjetiva en su gran parte pero presión al fin. Animaba mucho el considerar que cada sacerdote es un canal privilegiado de la gracia (¡para eso estamos!), y que, por tanto, no estaba dando los ejercicios a 23, sino a todas las almas que de un modo u otro, dependen de ellos. Quería compartir con Uds., adaptándolo solo un poco, lo que les prediqué en…

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El secreto del Papa Magno

Hay un principio básico en filosofía que reza así: “el obrar sigue al ser”; por tanto podemos decir, siguiendo esto, que si una persona “hace” cosas grandes, “es” grande. Para nombrar las cosas grandes que ha hecho el multifacético san Juan Pablo II, harían falta varios libros; así y todo quería recordar algunas: – Deportista, actor, escritor, filósofo, filólogo, teólogo, poeta, magnánimo en todo lo que se propuso hacer. – Sacerdote a los 26 años, obispo a los 38, Papa a los 58. – Tercer pontificado más largo de la historia (26 años y 5 meses). – Primer Papa polaco;…

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