La Masonería… peste tan funesta

En estos tiempos donde se gusta desdibujar tanto la realidad, donde lo bueno aparece malo y viceversa, me parece que vale la pena recordar algunas verdades acerca de la Masonería.

Aunque lo que no conviene que el mundo sepa, los masones lo tienen bien guardadito, sin embargo aprovechan la hecatombe gnoseológica que vivimos, y suelen ahora dar a conocer algunas actividades como si nada. Me escribía escandalizada hace un mes un miembro de nuestra tercera orden: «Impresionante como hablan públicamente como si fuera algo bueno» y me mandaba este enlace de un diario de San Rafael, Mendoza, Argentina: Aquí

Podemos citar a San Pablo:

«No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas. Cierto que ya sólo el mencionar las cosas que hacen ocultamente da vergüenza; pero, al ser denunciadas, se manifiestan a la luz. Pues todo lo que queda manifiesto es luz» (Ef 5,11-13).

Comenta magníficamente Mons. Straubinger:

Denunciado el mal hábito públicamente (v. 11), lo que era un peligro, mientras estaba oculto, se convierte en saludable advertencia y luminosa lección para evitarlo (I Tim. 5, 20). Pablo destruye así un concepto equivocado que suele tenerse del escándalo, mostrando que la pública reprobación de los males —como lo hacía Jesús tantas veces— puede ser muy conveniente, porque Satanás es «el padre de la mentira» (Juan 8, 44), y sus grandes engaños son tanto más peligrosos y difíciles de evitar cuanto más se disimulan por las tinieblas y la ignorancia (4, 14 y nota), en tanto que la verdad liberta a las almas.

Y la cita de Timoteo a la que hace referencia, afirma: «A los culpables, repréndeles delante de todos, para que los demás cobren temor» (1 Tim 5,20). ¡Qué frescor de luz que dan estas citas en estos tiempos que parecería no se puede juzgar nada…! Por supuesto, que juzgue y reprenda quien tiene que hacerlo y en lo que deba hacerlo. Y todos tengamos claro aquello de Isaías:

«¡Ay de los que llaman al mal bien, y al bien mal;
que dan oscuridad por luz y luz por oscuridad;
que dan amargo por dulce y dulce por amargo» (Is 5,20)

Volviendo a la Masonería, me limito simplemente a copiar aquí algunas páginas del libro que cuando las estaba escribiendo ya pensaba que podrían ser de utilidad. Aquí se los dejo:

Cap. 5: La Masonería…

II. Claridad del Magisterio

Para ayudar a entender este misterio de maldad, evoquemos antes de cualquier otra explicación, la claridad de la profusa enseñanza magisterial al respecto. Es decir, utilicemos la luz de la fe para fortalecer nuestra razón. En los títulos siguientes haremos las explicaciones históricas y filosóficas trayendo los ecos del magisterio a esas verdades, pero aquí, en orden de que se nos fije cierta animosidad contra la masonería[1], comenzaremos mostrando frases fuertes y claras, como así también las condenas respectivas hechas por la Sede Apostólica.

Tengamos presente también que si bien el documento más conocido al respecto es la Encíclica Humanum Genus del Papa León XIII del año 1884, en esta misma, ya en los primeros párrafos, deja claro el Sumo Pontífice cómo no estaba haciendo otra cosa que, reiterando una condena ya realizada, y no pocas veces, por sus predecesores[2]. La Iglesia demoró dos décadas en desenmascararla la masonería, corto tiempo por ser justamente una sociedad secreta.

1-      Apelativos precisos y contundentes

Y para comenzar con lo que podríamos llamar una declaración de guerra semántica, hagamos alusión a los epítetos y calificaciones del Papa León XIII en la mencionada encíclica para con esta sociedad secreta. Así, por ejemplo, la llama:

  • «Peste tan funesta» (n. 7); pide «con todo ahínco extirpar esta asquerosa peste[3] que va serpeando por todas las venas de la sociedad».
  • La declara «mal tan grave y tan extendido» (n. 27). Y habla de la «perversidad de estas sociedades» (n. 34). Y de la «perversidad de sus opiniones y lo criminal de sus hechos» (n. 29).
  • Deja muy claro que se trata de la peor de las sectas, porque, por un lado, la incluye dentro de ese grupo, calificándolas de «Nefandas[4] sectas» (n. 36), y, por otro, la llama «especie de centro de donde todas salen y adonde vuelven» (n. 8).
  • A sus obras las califica como «monstruosidad que la misma naturaleza rechaza» (n. 8).
  • Describe la «perversidad de los errores masónicos» (n. 7), que agitan y enturbian la sociedad, puesto que se trata de «turbulentos errores» (n. 24).
  • Anuncia lo desquiciado de sus intentos, al afirmar que la eficacia de la religión y la parte más sana de los hombres «resisten con valor sus locos conatos» (n. 24).
  • No tiene reparos en declarar que «toda la razón de ser y causa de la secta estriba en el vicio y en la maldad» (n. 29).
  • A sus miembros los llama «infames» y «malvados, que todo lo invaden con fraudes y engaños» (n. 32).
  • Pide cuidar a los jóvenes de los maestros «en los que pueda temerse [su] aliento pestilente» (n. 34).

La firmeza de sus declaraciones buscaban frenar los triunfos que iba alcanzando la masonería, por la fuerte cohesión de sus miembros para el mal:

Levántase insolente y orgullosa por sus triunfos la secta de los masones, ni parece poner ya límites a su pertinacia. Préstanse mutuo auxilio sus sectarios, todos unidos en nefando contubernio y por comunes ocultos designios, y unos a otros se animan para todo malvado atrevimiento (n. 35).

No deja de mencionar el Papa los errores de los gentiles –en los que podemos ver la influencia del gnosticismo–; y declara también el evidente influjo de Satanás[5]:

Sus principales dogmas discrepan tanto y tan claramente de la razón, que nada puede ser más perverso. Querer acabar con la religión y la Iglesia, fundada y conservada perennemente por el mismo Dios, y resucitar después de dieciocho siglos las costumbres y doctrinas gentílicas, es necedad insigne y muy audaz impiedad. Ni es menos horrible o más llevadero el rechazar los beneficios que con tanta bondad alcanzó Jesucristo (…). En tan feroz e insensato propósito parece reconocerse el mismo implacable odio o sed de venganza en que arde Satanás contra Jesucristo (n. 20).

Y ante semejante despliegue de maldad, sabe a quién acudir:

Como intercesora y abogada tengamos a la Virgen María Madre de Dios, para que, pues ya en su misma Concepción purísima venció a Satanás, sea Ella quien se muestre poderosa contra las nefandas sectas, en las que claramente se ve revivir la soberbia contumaz del demonio junto con una indómita perfidia y simulación (n. 36).

2-      Condenas[6]

Desde 1738 la Iglesia prohibió a los católicos dar su nombre a una organización masónica. Esta prohibición fue reforzada con sanciones penales canónicas. El primer código de derecho completo y sistemático de leyes de la Iglesia católica de rito latino fue promulgado en 1917. El mismo castigaba con excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica a «los que se adhieren a alguna secta masónica o a otra que se entregue a maquinaciones contra la Iglesia o los legítimos poderes civiles» (c. 2335)[7].

Como puede verse claramente, esta disposición establecía no solo la incompatibilidad radical entre la fe católica y la adhesión a la masonería, sino también la severidad de la sanción: la excomunión automática y reservada exclusivamente al Papa.

Esta disposición de la Iglesia no ha cambiado. En el Código de Derecho Canónico de 1983 se afirma que «quien se inscribe a una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación, ha de ser castigado con entredicho» (c. 1374).

En los meses siguientes a la promulgación del Código de Derecho Canónico de 1983 surgió la duda de si ha cambiado el juicio que la Iglesia Católica hace sobre la masonería. La Congregación para la Doctrina de la Fe salió al paso de estas dudas mediante la Declaración sobre la masonería publicada el 26 de noviembre de 1983, el día anterior a la entrada en vigor del nuevo Código. En ella se explica que la ausencia de mención explícita de la masonería «se ha debido a un criterio redaccional seguido también para las otras asociaciones igualmente no mencionadas por el hecho de estar incluidas en categorías más amplias». Y añade: «Se mantiene, por tanto, inmutable el juicio negativo de la Iglesia respecto a las asociaciones masónicas, ya que sus principios han sido considerados siempre inconciliables con la doctrina de la Iglesia y por ello la adscripción a las mismas permanece prohibida. Los fieles que pertenecen a las asociaciones masónicas están en estado de pecado grave y no pueden acceder a la Santa Comunión». También se indica que no le compete a las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique la derogación de lo que se dice en la citada Declaración.

Por su parte, con fecha 13 de noviembre de 2023, el mismo Dicasterio aprobó una Nota a petición de un Obispo filipino en la que se recuerda que «la pertenencia activa a la masonería por parte de un fiel está prohibida debido a la irreconciabilidad entre la doctrina católica y la masonería».

Se debe concluir, por lo tanto, que el juicio sobre las asociaciones masónicas permanece inalterado. Lo que ha cambiado es la pena canónica asociada a esa conducta, no el juicio moral sobre la gravedad de la pertenencia a la masonería[8].

  • para adquirir el libro: Aquí

Ave María y adelante!!

 

[1] Como en todo: odiar el pecado y el error y amar al que peca o erra; aquí sería: amar al masón y odiar la o incluso su masonería.

[2] Afirma el Papa: «Dióse el primer aviso del peligro el año 1738 por el papa Clemente XII cuya Constitución confirmó y renovó Benedicto XIV. Pío VII siguió las huellas de ambos, y León XII, incluyendo en la Constitución apostólica Quo graviora lo decretado en esta materia por los anteriores, lo ratificó y confirmó para siempre. Pío VIII, Gregorio XVI y Pío IX, por cierto, repetidas veces, hablaron en el mismo sentido». Humanum Genus, n. 2. Coinciden la mayoría de los estudiosos que la Masonería, tal cual la conocemos y de la que estamos hablando, comenzó en 1717.

[3] Todos los resaltados son nuestros.

[4] Nefando. Dicho de una cosa: que causa repugnancia u horror hablar de ella. Real Academia Española.

[5] En 1890 escribió León XIII otra encíclica sobre la masonería en Italia, donde afirma: «Imbuidos del espíritu de Satanás, cuyos instrumentos son, arden, como su inspirador, el demonio de tal modo en odio mortal e implacable a Jesucristo, a la Iglesia por El fundada, que tratan esforzadamente de abatirla o por lo menos coartar su acción» Ab apostolici solii, n. 2.

[6] Cf. https://iuscanonicum.org/index.php/derecho-penal/delitos-y-penas-en-particular/340-el-delito-canonico-de-pertenencia-a-la-masoneria-para-un-catolico.html

[7] El mismo canon castigaba a los clérigos y religiosos con penas aún mayores. Juan XXIII confirmó este canon en 1960.

[8] Hay ejemplos de aplicación de sanciones bajo el régimen del Código de 1983 a personas vinculadas con la masonería, incluida la excomunión, lo que indica que la práctica de la Santa Sede sigue siendo la misma. Se trataría entonces de una excomunión no inmediata (lo que se denomina latae sentenciae) sino mediante un proceso (ferendae sententiae).

2 comentarios:

  1. Felicitaciones!!
    Gracias por sus aportes!
    Saludos cordiales desde Montevideo Uruguay 🇺🇾!!

  2. Muchas gracias Padre Lombardo!
    Sus aportes son de una gran riqueza.
    Saludos cordiales desde Montevideo Uruguay 🇺🇾

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